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Hablando japonés en Sampa

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No, no es un mercado callejero de Tokio, aunque lo parezca. Es una tienda del barrio japonés de Sao Paulo, esa ciudad de contrastes y revelaciones que los brasileños llaman cariñosamente Sampa. Pasan los años y Sao Paulo sigue siendo una cajita de sorpresas con sabor a añejo. La añejada proviene de quince años, que no está del todo mal. En aquel momento me encontré envuelto sin querer en las historias de una ciudad como la que nunca había soñado abarcar. Los atardeceres en Anhangabahú -el valle del diablo-, cruzar el puente del Chai frente a la ópera, la pasta de las trattorias de Bechiga -mejores que las napolitanas, mi spiace bella Napoli-, la catedral neogótica y neoghotica -Batman dixit-, la frescura de Jardims, y los domingos en el MASP y el Trianon. Recorrer con Cicero algunos recovecos que no podrían calificar para gente de bien. Dormir en el Ca d´Oro por el retraso de la VARIG prequiebra, y ver espectáculos en vivo en bares poco confiables de la plaza Roosevelt como nunca más...

2016 razones para coincidir con el COI

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Si existe una organización aún menos democrática que Naciones Unidas es el Comité Olímpico Internacional, herencia del gran espíritu aristócrata de Coubertain, compuesto por unos señores que nadie sabe de dónde aparecen ni quién los elige. Ni siquiera los wikis; o sea, lo dicho, nadie. Un auténtico misterio que gestiona miles de millones de euros entre derechos, himnos, banderas y símbolos. Eso sí es un negocio y no las miserias de las fotocopiadoras que cobra la SGAE. Nunca creí coincidir con el COI en nada hasta su última decisión. Ver al Rey Juan Carlos de Borbón -el máximo representante de las relaciones internacionales españolas que, como a los del COI, nadie nunca ha elegido- paseándose entre sus amigos de viajes y barcos, y el desfile de deportistas de élite -más de la mitad del presupuesto estatal en deporte-, alcaldes, presidentes del gobierno, presidentes de la oposición, etc., me causó profunda tristeza. Pensé que con Obama en las cercanías y Zapatero rondando los seño...

¿Copacabana o Tegucigalpa?

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Buena parte del mes de mayo lo pasé en Brasil. Visité de nuevo Río, después de una década sin pasar por la ciudad maravillosa , y la vi tan atractiva como la recordaba. Además de hacer amigos estupendos, volví a pisar las olas en mosaico de Copacabana y tomar una caipirinha en Ipanema, pasear por Botafogo y saborear el jugo de açaí, comprar un coco partido al lado del mar y disfrutarlo en una ciudad que ha sido capaz de hacer de la playa toda una cultura. Y a la que regresaré pronto. Pero según el ABC yo no pasé el mes de mayo entre Valencia y Copacabana, sino en Tegucigalpa, asesorando a un gobierno que lo único que quería hacer era preguntar democráticamente a su pueblo sobre la activación de la asamblea constituyente. Lo mismo que pasó en Colombia a principios de los noventa, en Venezuela en 1999, en Ecuador o en Bolivia durante los pasados años, provocó un golpe de Estado en Honduras. Un proceso democrático que acaba con un gorila que nadie eligió de presidente de facto del paí...