La avenida Arce y la altura paceña

Ayer por la tarde, mientras escuchaba los ruidos que desde la calle entraban amortiguados en la habitación, recordé que desde la primera vez que llegué a La Paz -y hace años de ello- sólo he dormido en la avenida Arce: en sus hoteles, entre la plaza del Estudiante y la de Isabel la Católica, y en el diminuto pero acogedor edificio que nos alquiló Fernanda en el Illimani, desde donde se veía el volcán a lo lejos. Todas mis noches paceñas las he pasado cerca de la avenida, entre el bullicio al caer la tarde -Pérez un boliviano Pérez un boliviano- y la tranquilidad de la madrugada.
La Arce es algo así como La Paz, como Bolivia entera me atrevería a decir: un conglomerado de cosas que al principio parece desconcertante, y luego fascinante. No le falta nada: las señoras de pollera que cruzan la avenida haciendo recados y llevando bolsas, los colegiales que regresan a sus casas en grupo, o los ejecutivos encorbatados que salen de las oficinas de alrededor. En la Arce se encuentra el mejor bar de la ciudad: Traffic (algunos prefieren Mongo´s, que queda en una calle paralela, pero la clientela es en su mayoría extranjera, lo que le quita sabor al lugar). Traffic tiene la única fórmula que he visto exitosa de buen restaurante y buen bar de copas, y todavía deben recordar cuando entré vestido de Pepino en aquella fiesta de disfraces durante los carnavales, con el traje que me regaló Marcela. En las adyacencias de la Arce queda el Wagamama, el mejor japonés de la ciudad (quitando el del Centro Japonés, en Batallón Colorados, más auténtico y con menos pretensiones). Más arriba, pasando las embajadas, está la plaza Bolivia, donde durante el día se difruta de una buena lectura en sus bancos soleados, y el domingo por la mañana la gente sale a correr mientras grupos de mujeres practican yoga. Hacia un extremo, al paseo del Prado, verdadero centro de La Paz; hacia el otro, el sur, que a diferencia de otros lugares es la zona mejor acomodada de la ciudad; y a un lado, Sopocachi, el barrio más bohemio, con los misterios de la plaza Avaroa. Si me preguntaran qué le falta a la Arce, no lo dudaría: un Alexander Coffee, donde tomar buen café y tarta de chocolate. Tengo localizado el local: el Subway que hay debajo de la calle Campos, siempre vacío menos cuando se acercan algunos turistas jóvenes que no han descubierto el Arriero o la Tranquera (ni creo que, a estas alturas, lo hagan).
En la Arce fue donde también perdí el conocimiento la primera vez que llegué a La Paz. A mis células no les llegaba oxígeno suficiente y armé medio escándalo cayéndome en el hall del Radisson, frente a los ascensores. Pero no me volvió a ocurrir, ya conozco el secreto para combatir la altura paceña: andar lentito, caminar poquito y dormir solito. Al menos los primeros días.

Comentarios

devid ha dicho que…
Gracias por compartir el secreto que hasta me parece medico para soportar la altura del la Paz en especial muy curioso de dormir solito un saludo
Manuel ha dicho que…
mira que siempre voy a La Paz, y sabes que nunca me había puesto a analizar la Arce, de hecho me aprecía una avenida más de cemente en la grisácea zona, describes de una manera que antojas de ir a La Paz.. un saludo
Anónimo ha dicho que…
Llama la atención el cómo se hace una descripción tan delicada e inusual de una calle de la paz. Sus visitantes foráneos se delietan de la Iglesia de San Francisco, la calle Sagárnaga, la plaza Murillo, la calle Jaén o incluso el desorden de la ´Perez´,generalmente.
Pero al pensar en la arce (como acá la conocemos) puedo decir que es la perfecta síntesis de la ciudad y hasta de Bolivia vista de este modo:
La tradición católica al inicio personificada en la Nunciatura Apotólica nacional, la dependencia económica mas acá en la embajada Americana, lo chic de la ciudad en sus hoteles 5 estrellas, el desorden en los semáforos que nadie los respeta como el de la entrada al puente de las Américas, lo bohemio de la paz donde al centro está Traffic, a la derecha Mongo´s y a la izquierda otro boliche ya mítico a esta altura de la vida paceña.
Rubén, siempre habrá motivos de añoranzas de esta ciudad, no sólo de la arce sino de los paceños (un decir ya que decir paceño en esta ciudad es un formalismo porque pocos hay de sepa)...bienvenido cuando quieras.

Entradas populares de este blog

Boabdil y el ciprés de la sultana