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El Grand Tour termina en Posidonia

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"¿Qué es esto?", se preguntaba Lord Frederick North por escrito en una carta a Dampier, allá por 1753. "Entramos por una puerta que aún se mantenía sólida, y caminamos durante algunos minutos sobre un antiguo pavimento... De repente, nos golpean la vista tres edificios grandes, paralelos entre ellos, pero separados por cierta distancia". Se refería a los grandes templos que se alzan incólumes en Posidonia (Paestum para los romanos), seguramente los mejor conservador restos de arte griego del mundo. Y, atención, no están en la actual Grecia: se sitúan en el sur de Italia, a menos de cien kilómetros de Nápoles y a un tiro de piedra de esa ciudad marinera que tanto tiene que contar llamada Salerno. Imaginémonos a los obreros de la época de Carlos de Borbón, futuro Carlos III, picando y removiendo tierra para construir la carretera hacia el Sur. Y encontrarse con los bloques de piedra que habían permanecido durante al menos seis siglos enterrados bajo ti...

El mejor bar de la ciudad

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Quien conozca Sucre superficialmente puede llevarse la impresión de que es una ciudad anodina, donde pasan pocas cosas. Pero como en los lugares más sorprendentes, es eso: una impresión. Bajo esa piel blanca de casas coloniales con enormes muros, de calles paralelas y perpendiculares que el modelo La Laguna extendió por toda América Latina, de su aeropuerto estilo retro (hay uno nuevo en construcción), de las portadas de las iglesias barrocas, y de gente de buena casta, o que se sienten así, paseando por sus ordenadas calles, existe todo un mundo que  hace temblar los cimientos cuando menos se espera.  Esquina de la plaza 25 de mayo Aunque Bolivia fue el último país de Suramérica que logró independizarse, el primer grito de libertad se dio en Chuquisaca, actual Sucre, el 25 de Mayo de 1809. Hoy en día la plaza principal de la ciudad se llama 25 de Mayo. La guerra federal boliviana, a caballo entre el siglo XIX y el XX, tuvo lugar entre los conservadores de Sucre y ...

Donde todo empezó

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Cuenta la leyenda que Manco Cápac y Mama Ocllo, hijos del sol, cruzaron el lago Titicaca y enseñaron a los habitantes del otro lado la tecnología para construir, sembrar y crear un imperio. El suceso habría tenido lugar hace unos ochocientos años, y a los habitantes del territorio los llamarían incas . ¿Y antes de los incas? Hace mil años, en actuales tierras bolivianas, al otro lado del lago, los adoradores del sol ocupaban el altiplano a menos de cien kilómetros de La Paz. En su capital, Tiawanaco, todavía se puede apreciar la puerta del sol, las cabezas clavas, y se celebra el solsticio de invierno con hoja de coca y ceremonias milenarias. ¿Y antes...? ¿Existe un origen de Tiawanako que podamos conocer? Los expertos dicen que sí, y se llama Chavín de Huántar. El dios de las varas, Viracocha, símbolo de la puerta del sol tiawanakota, aparece en la estela Raimondi, el monolito de granito que se descubrió en Chavín en 1873 y que ahora se conserva en Lima. Las cabezas clavad...

¿Hacia dónde mira Bolívar?

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Estatua en la plaza Bolívar El 9 de abril de 1948 falleció Jorge Eliécer Gaitán a causa de tres disparos, uno en la nuca y dos en la espalda. El autor material del crimen fue Juan Roa Sierra, un fanático rosacrucista que se creía la reencarnación de Santander y, por lo tanto, predestinado para hacer cosas grandes.  Pero las sospechas de que el gobierno norteamericano estaba detrás del suceso, aunque nunca comprobadas, han planeado desde el primer momento. Gaitán, líder del Partido Liberal e ideólogo de su regeneración, era un potencial peligro para la tradicional hegemonía conservadora en el país y, en buena medida, en la región. La multitud linchó al autor de los disparos, y Colombia sufrió su particular segunda revolución, el Bogotazo . Todavía hoy se viven las secuelas. La figura de Gaitán pervive en la actualidad colombiana, y Bogotá cuenta con varios lugares de interés. Pero el más singular es, sin duda, ese discreto cenotafio situado donde ocurrieron los hechos, ...

¿El Papa sabe lo vuestro?

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Ninguna novedad respecto al sincretismo. Al fin y al cabo, su eficacia ha sido demostrada a lo largo de los siglos. Los romanos fueron unos maestros adoptando todo tipo de deidades con tal de que se adaptaran a la naturaleza politeísta del Imperio. De ahí el problema con el cristianismo: el dios único anulaba a la multiplicidad, y no había concesiones. ¿O sí? Bueno, siempre quedaban vírgenes, santos, o la mismísima y difícilmente explicable trinidad, tres en uno, que podían servir de válvula de escape a los paganos que debían convertirse a la cristiandad. De alguna forma podían seguir creyendo en sus deidades y adorar al mismo tiempo al dios único y verdadero. Al fin y al cabo, la palabra "Dios" no es otra que el "Zeus" griego, latinizado. Escaleras de la Iglesia de Santo To El cristianismo, en efecto, aprendió bien. No en vano se convirtió en la religión oficial del imperio, sustituyendo así el nacimiento de Jesús al del Sol Invicto (Apolo Helios), o la...

La noche más larga

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Incluso con todas las celebraciones, o quizás con su colaboración, noviembre y diciembre son en este cansado hemisferio norte difíciles de avanzar y superar. La oscuridad se alarga en una tierra que se crece con la luz y mengua con el frío, y el invierno tiene como efecto que cada uno se esconda donde pueda esconderse o donde le dejen. Con el alma pasa algo por el estilo. Lo que en otro momento son fuerzas y vistas al horizonte pasan a ser reflexiones algo negras y miradas de reojo. Es fácil sentirlo: durante la larga noche del 22 de diciembre el mal está en el auge de sus fuerzas. Más de mil años antes de nuestra era, los persas sabían que, como la materia fue creada con la antimateria, el dios del fuego y la luz sólo podía haber existido siempre con el de la oscuridad y el mal. La sustancia dual implica que todo Ahura Mazda conlleve su Angra Manyu. Durante la noche más larga, el solsticio de invierno, las fuerzas del mal campaban a sus anchas, y con la llegada del día siguiente...

Hablando japonés en Sampa

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No, no es un mercado callejero de Tokio, aunque lo parezca. Es una tienda del barrio japonés de Sao Paulo, esa ciudad de contrastes y revelaciones que los brasileños llaman cariñosamente Sampa. Pasan los años y Sao Paulo sigue siendo una cajita de sorpresas con sabor a añejo. La añejada proviene de quince años, que no está del todo mal. En aquel momento me encontré envuelto sin querer en las historias de una ciudad como la que nunca había soñado abarcar. Los atardeceres en Anhangabahú -el valle del diablo-, cruzar el puente del Chai frente a la ópera, la pasta de las trattorias de Bechiga -mejores que las napolitanas, mi spiace bella Napoli-, la catedral neogótica y neoghotica -Batman dixit-, la frescura de Jardims, y los domingos en el MASP y el Trianon. Recorrer con Cicero algunos recovecos que no podrían calificar para gente de bien. Dormir en el Ca d´Oro por el retraso de la VARIG prequiebra, y ver espectáculos en vivo en bares poco confiables de la plaza Roosevelt como nunca más...